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Conoce la ansiedad: cómo saber cuando hay un problema

 

La ansiedad es un estado natural pero que puede limitar tu vida.

La ansiedad es un malestar muy común en nuestro mundo moderno acelerado. El estrés que lo genera, ¿quién no lo ha sentido alguna vez?

Las situaciones que lo provocan son muy numerosas, problemas que padecemos todos en mayor o menor medida en algún momento de nuestra vida. El trabajo, la familia, los estudios, la economía, las relaciones sociales son todas áreas en las que surgen conflictos y tensiones todos los días.

A esto podemos añadir preocupaciones más excepcionales como las enfermedades, discapacidades o duelos.

El 14% de la población de los países desarrollados sufre trastornos de ansiedad.

No hay que sentirse avergonzado por sufrir ansiedad, pero tampoco hay que ignorarlo. Por raro que suene estamos más acostumbrados a padecer este estrés que a lidiar con él, o a regular nuestras emociones. Es como si hubiese en nosotros cierta resignación.

Cómo definir la ansiedad: la conducta  ansiosa

La ansiedad es un estado de alerta y tensión encaminados en su origen a sobrevivir ante los peligros. Es una reacción natural defensiva frente al estrés. Sin embargo, hoy en día la vigilancia continua de la conducta ansiosa no tiene ese mismo significado, ya que no vivimos tan expuestos a amenazas ‘vitales’. No obstante, cuando esa respuesta instintiva se mantiene aún cuando no hay peligro, produce lo que podríamos llamar de miedo psicológico.

Podríamos decir que el comportamiento ansioso se caracteriza como:

Evitativo. Evita lo desagradable (emociones, sensaciones, situaciones) y alimenta miedos. La evitación de la experiencia, sea por las sensaciones o pensamientos que provoca, no genera más que una resistencia, un refuerzo, y anticipa el temor y lo magnifica.

Evasivo. Al evitar algo, buscamos un alivio inmediato o evasión. Evadirse de un problema genera un bloqueo, o una preocupación para postergarlo. No necesitamos la presencia fisica de aquello que nos preocupa: sólo la idea del estímulo estresor, de aquello que produce miedo, provoca la ansiedad.

Con atención selectiva. La persona con ansiedad focaliza su atención hacia los estímulos de peligro. Se crea un efecto túnel. La visión de la realidad es sesgada y negativa. Exacerba unos elementos y deja de ver otros. Se pierde información, se desatienden otras realidades o posibilidades. Es como si perdiésemos de vista la escena para ver sólo el peligro. Destruye, así, la creatividad y la eficiencia que tanto necesitamos para resolver problemas cotidianos. Puede incluso hacer mella en la memoria.

Pesimista. Piensa demasiado en el futuro y este es siempre catastrófico o inquietante. Para escaparnos de esa inquietud sin solución, podemos tender a justificar nuestro estrés, a resignarnos. Además, ¿para qué intentarlo si todo va a salir mal?

En definitiva, la ansiedad es limitante. La ansiedad hace que evitemos cosas, situaciones, retos, que nos cueste afrontar tareas, prestar atención a lo importante y, por extensión, tiene consecuencias físicas como el insomnio, fatiga, e incluso puede producir cefaleas,  dolores musculares, taquicardias e, incluso mina las defensas.

La ansiedad se convierte en una señal que atender: deja de pensar y pensar y escucha a tus sentidos.

Diferentes caras del estado ansioso: más que simples nervios

La ansiedad es una de las manifestaciones de la existencia de problemas diarios a los que no hacemos frente de la mejor manera. Algo malo nos afecta, y debemos resolverlo. En ocasiones estos problemas son graves y derivados de  enfermedades o incidentes, en esos casos es mucho más obvio que tenemos que tratar la ansiedad ya que interfiere y potencia el dolor original.

 

La ansiedad se convierte en un trastorno cuando se enquista.

Son muchas las expresiones de la ansiedad cuando se convierte en un verdadero problema para la salud psicológica:

Ansiedad generalizada. La tensión continua deriva en miedo generalizado, con intervalos de diferente intensidad. Puede dar lugar a ataques de pánico en situaciones inesperadas.

Fobias. El miedo se expresa a través de situaciones específicas como por ejemplo miedo a estar en lugares públicos (agorafobia), miedo a estar entre personas (fobia social), miedo a estar en lugares cerrados (claustrofobia). El miedo se convierte en una respuesta exagerada e intensa, asociada a un elemento o situación específica.

Trastornos obsesivos y adaptativos varios. La obsesión llena el comportamiento de compulsiones y manías. El miedo hace que la atención esté demasiado focalizada en aquello que asusta o preocupa, y pueden surgir rituales par calmar la ansiedad.

Traumas y estrés postraumático. La causa de la ansiedad (un hecho trágico o un suceso vital, o bien sucesos menores vividos de manera continuada) se convierte en alarma y se revive como trauma sin cesar. En estos casos, la energía emocional motriz destinadas a la supervivencia se convierte en excitación aguda e irracional que nos aboca al desastre.

 

Qué pasa si tienes ansiedad y lo ignoras: síntomas y consecuencias

La reacción que genera la ansiedad es automática, no racional. La huida es en realidad una carrera a ninguna parte.

Aguantar a que pase la tormenta se ha malentendido como fortaleza. Está claro que la vida tiene picos altos y bajos, pero cuando la ansiedad se mantiene no podemos hallar las mejores soluciones ni vivir plenamente nuestra vida, y, sobre todo, no podemos ser felices.

Como ya has deducido, la ansiedad agota y desgasta física y psicológicamente y puede convertirse en una enfermedad emocional grave. La ansiedad no te define pero elige por ti si la dejas ganar espacio.

Tienes un problema de ansiedad si tu conducta actual se convertido en evitativa, evasiva, pesimista, con atención selectiva y limitante.

Es decir:

  • tus acciones y tu comportamiento cambian y afectan significativamente tu rutina y tu vida. Dejas de hacer cosas e incluso alguna de ellas puede que hasta te gustasen. ¿En algún momento te bloqueas y no sabes qué hacer?
  • Tus pensamientos se han alterado: te rondan ideas catastrofistas y miedos de manera repetida o compulsiva. Te sientes agobiado, inseguro, tienes miedo, has perdido la confianza y las ganas. ¿Te cuesta concentrarte o recordar cosas?
  • Tus relaciones se ven resentidas por tu nueva actitud y por estar demasiado irascible, temeroso. Tienes cambios de humor o estás demasiado a menudo estresado o triste. Te cuesta expresarte más que antes o has dejado de hacerlo para ocultar lo que te esta pasando. ¿Te has aislado?
  • Tu salud flaquea: duermes mal, se te acelera el pulso, te ahogas, tienes dolores digestivos, las contracturas se multiplican, te ha subido la tensión

Tratar la ansiedad es vital: acéptate

 

 

El primer paso para tratar la ansiedad es pararse, reflexionar de forma calmada y aceptar la emoción desagradable y el conflicto que lo origina. Aceptar es el primer paso, y necesario. Si decides que puedes sólo tratar alguno de los síntomas o sentimientos y ocultar o negar lo que creas que es ridículo o insignificante, no avanzarás.

No se puede evitar el estrés, no se puede negar la ansiedad ni los sentimientos desagradables. Para avanzar hay que aceptarse. Pero esto no es lo mismo que resignarse.

Aunque sea una perogrullada solo en el sosiego podemos frenar la ansiedad, no en la inacción. No se trata de ver las nubes pasar, se trata de prestar atención a nuestro cuerpo y emociones, a la realidad sin florituras añadidas por nuestro pensamiento viciado.

Para eliminar la ansiedad o mejor dicho, para regular la ansiedad, hay que considerar:

  1. Un tratamiento psicológico donde se pueda tratar. como parte de tu salud, los conflictos que lo originan. Repítete: me pongo a trabajar en ello y eso no tiene nada de malo. Tu médico y tu terapeuta están para ayudarte.
  2. Un entrenamiento o una serie de herramientas que te permiten abordar la emoción desagradable que provoca la ansiedad y la que genera.

Tu terapeuta te puede recomendar varias cosas. Si aún no crees que haya cosas sencillas, es que debes visitar nuestra área de recursos. Aprender a respirar, por ejemplo, puede ser un ejercicio muy útil.

El mindfulness reduce el estrés y la ansiedad

 

Photo by Sean Estergaard on Unsplash

Cuerpo y mente en calma: el camino para calmar la ansiedad

 

Cada vez más se recomienda el uso de Mindfulness contra la ansiedad. Ya no es simple meditación sino que es una terapia que los psicólogos recomiendan como el principal eje en el tratamiento de la ansiedad. Existen también enfoques terapéuticos que incorporan Mindfulness como uno de los pilares del tratamiento.

La práctica de Mindfulness mejora la vida de todos los pacientes que se comprometen con el proceso. El primer paso hacia el bienestar es la aceptación y el segundo es el compromiso y la constancia. Estos son dos claves esenciales. Después los ejercicios son bastante sencillos. Conoce el mindfulness ya.

Tampoco necesitas realizar un tratamiento de forma previa o simultánea. Nosotros estamos especializados en ayudar en casos clínicos y de manera rigurosa, pero en cualquier  situación vinculada al comportamiento ansioso la terapia de atención plena mejora el bienestar y la calidad de vida.

Las prácticas Mindfulness usan la respiración, la calma, la meditación como método de autoconocimiento. Observar lo que sentimos de manera amplia sin censuras, para después observar sus causas y nuestras acciones. Aceptar lo que pasa fuera y dentro de nosotros y entender. Se trata de verlo todo. Sin juzgar ni culpar.

Sólo cuando lo vemos todo y lo entendemos podemos tomar caminos nuevos, ver las opciones. Pero hay que tomar lo malo y lo bueno.  ¿No te hemos dicho lo que puede suponer evitar y bloquear emociones y situaciones? No mejoran sino todo lo contrario.

Piensa en estas 5 reglas básicas cuando te sientas desbordado:

1. acepta el momento, no lo engrandezcas

2. obsérvalo y se amable y paciente contigo y con los demás

3. toma cada cosa de una en una: el momento no debe ser sesgado por los anteriores y futuros, esos son construcciones de algo que no existe ahora

4. aprende a ver y escuchar: empieza por Tu cuerpo y sentidos

5. responsabilízate de tus emociones y actos: sólo tú eres responsable y sólo tú puedes hacer algo

Tomar conciencia es Mindfulness: respirar y escanear, observar, escuchar, tocar, sentir, y tomar esos datos y verlos a la luz del día y no la oscuridad del nubarrón de la ansiedad, del pensamiento negativo que trata de salvarnos el pellejo rápido.

¿Te atreves a lidiar con tu ansiedad?